Sobre las cañas

Esta sección está dedicada a un componente esencial y fundamental de nuestra dulzaina: "las cañas". Para la mayoría de los dulzaineros, estas representan un desafío emocionante y transformador en su camino musical. Las cañas, así como nuestras propias vidas, responden a diversos factores: los altibajos de la temperatura, la humedad, las estaciones del año, y el escenario en el que nos encontramos, ya sea en la vibrante calle, un acogedor auditorio, una iglesia o un salón lleno de energía. Cada situación puede requerir un enfoque diferente, y aquí es donde el poder de la adaptabilidad cobra vida. ¡Así que adelante! Empoderémonos a nosotros mismos y a nuestras cañas, y enfrentemos el mundo musical con todo nuestro corazón y valentía.

Consejos prácticos

Moja la caña con muy poco agua. Si la humedeces demasiado, la fibra que la forma pierde cohesión y se debilita muchísimo ya que nuestra caña no es como la de otros instrumentos que tienen muchísima menos dureza y tensión. Es mucho mejor humedecerla con saliva, ya que las sales minerales la protegerán y darán un brillo y textura excepcionales. 

 

Lo primero que has de hacer cuando comiences a tocar, es manipular la caña y ponerla a tu gusto. No tengas miedo de cerrarla o abrirla si es necesario. Si vas a dar alguna nota grave y suena mucho aire antes del sonido, deberás cerrar la caña. Si por el contrario ves que no desahoga o te parte el sonido en alguna nota puede que esté cerrada para tú columna de aire o para la presión que ejerces en los labios, por tanto deberás abrir un poco. No esperes a que la caña se cierre sola, ya que el alambre que llevan está diseñado para que se cierre lo menos posible, y puede pasar un buen rato hasta que te empieces a encontrar cómodo, provocándote el cansancio innecesario al principio de la actuación.

Limpia las cañas después de las actuaciones con los limpiadores específicos que existen, siempre en mojado.

No cierres la caña apretando el alambre en la parte central superior, ya que harás que la bóveda pierda el volumen, dejando plana la caña y por tanto deformando su estructura de vibración. Cierra apretando laterales o la punta.

Cuando necesites abrir la caña, utiliza los dedos apretando los laterales a modo de alicate y si tienes que usarlos, ten mucho cuidado con la presión que ejerces ya que podrías rajar o partir la caña por el centro . Nunca utilices los dientes, ya que harás unas muecas en la madera que muy posiblemente desplazen el alambre y acabe destensandose. 

No dejes las cañas puestas en los tudeles. Sería mucho mejor que cada vez que las utilices las quites y las guardes en algún estuche o caja, así se secarán debidamente y no se harán de la forma del tudel, evitando que luego entren demasiado ya que normalmente se aprietan constantemente a la hora de tocar. Evita estar constantemente tocando la caña.

Cuando pongas la cañas en el tudel humedece la parte trasera, para que la madera se expanda y quedé fija en el tudel con un pequeño giro. Cuando la madera está seca la fibra se comparta como un cristal y al colocarla en el tudel resvalará, por lo que estarás constantemente apretándola y  girandola provocando que se despale, es decir que las palas no estén correctamente alineadas.

Es interesante que dejes puestas las espigas de madera que llevan puestas cuando las recibes, ya que evitan que las cañas se cierren demasiado cuando no las utilizas o cuando llevas tiempo sin usarlas. Si la entrada al tudel se reduce, tendrás que abrirla con un escariadior y no dejar rebaba o fibra ninguna que afecte al paso del aire.

Recordemos que uno de los errores más comunes es aferrarse a una sola caña durante demasiado tiempo. La madera, al igual que nosotros, necesita renovarse para mantener su esplendor. Cuando ignoramos esta verdad, las cañas pueden debilitarse, y nuestras interpretaciones pueden perder la magia que solo la frescura puede ofrecer. Nunca olvidemos que al cambiar de caña, estamos también reavivando nuestra embocadura y nuestro flujo de aire, desatando nuevas posibilidades y sonoridades en nuestra interpretación. Es fundamental recordar que las cañas, si se dejan de usar, pueden secarse y perder su esencia. Mantener una práctica regular de intercambio de cañas no solo asegura que estén listas para actuar en cualquier momento, sino que también nos ayuda a enfrentar cada nueva actuación con confianza y energía renovada. Desde mi perspectiva, no necesitamos tener una multitud de cañas; lo que verdaderamente importa es tener un selecto grupo de ellas, preparadas y listas para cada situación que enfrentamos. De esta manera, estaremos siempre listos para brillar, sin importar el escenario. 

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